Un té para vivir en Argentina
Un té, necesito un buen té.
Otro día más en Argentina, ¡No aguanto más! Quizás si no
amara tanto el hermoso paisaje de sierras cada vez que camino al trabajo, o
esos chinchulines bien crocantes que compartí el viernes con mi familia, la
gente que corre para todos lados, parecen sin dirección, aunque van a
trabajar, el mate con amigos sentados en un verde pasto en alguna plaza, el
vendedor ambulante, de churros, tortas fritas, garrapiñadas, algodón de azúcar (sí,
me encanta la comida) las ferias con cerveza artesanal, accesorios,
la comida rápida bien sabrosa y el muchacho que se sienta en la peatonal con la
guitarra a cantar, me iría.
Es que hace más de un año que eso ya no existe, o quizás sí,
pero con varias complicaciones. No hay mucho para contar, un virus vino a
descontrolar el mundo. Y como no podía ser de otra manera, en Argentina, se
hizo un festín. Crisis económica, al borde de un estallido social, pobreza,
hambre, desempleo… Ah cierto, que esto no es nuevo acá. A quién quiero engañar,
culpar a un virus por algo que viene sucediendo hace años, es una buena excusa
para quedar bien ante el mundo. Pero muy en el fondo sabemos que es solo eso,
una excusa.
En este hermoso país, juzgar, criticar y opinar, es un
programa de todos los días, es la primera mañana de cualquier medio radial,
arrancamos así, mirando la vida del otro, sin ser críticos con la nuestra. Como
se dice habitualmente, siempre será más fácil, criticar que construir o algo
así era. Dentro de ese mundo frívolo,
donde la mayoría pretende vivir la vida de otro, aparece una frase célebre que
pretende justificar el porqué de uno de los problemas: “En Argentina el que no
trabaja es porque no quiere” ayyyyy, voy a tomar un poco de té.
¿Linda frase no? Un poco descontextualizada, básica, una frase sin pensar mucho. No quiero seguir sin mencionar otra, esta es realmente, indignante, “si estudias todos tus problemas se solucionan” sigo con el té para no llorar.
Una sola palabra: Dos. Dos dolorosos, costosos y muy
desgastantes títulos poseo. Porque claro, como no iba a hacer caso a tal frase.
Horas sin dormir, sin compartir con amigos, muchas veces sin ver la luz de sol,
para obtener la solución a los problemas en la Argentina.
Toda esta introducción para contar que tengo dos títulos, pero
no trabajo ejerciendo ninguno de ellos. Igual tengo trabajo. (Tiene trabajo y se queja, diría mi vecina) Déjame que te cuente bien, Mary, trabajo con salario en negro, sin obra
social, sin aportes, sin vida… Pero claro, como en este lado del Río de la Plata, el que no trabaja es porque no quiere, yo sí lo hago (acá es el
momento en el que aplaudimos) si estuviésemos en otro país, obvio.
Orgullosamente puedo decir que soy una joven argentina
con trabajo. Siguiendo con las frases “hecha la ley, hecha la trampa” tengo un
trabajo en blanco, donde claro, figura un porcentaje que no cobro, porque el
resto me lo dan en negro. Hasta acá parece que la trampa me beneficia, pero…
hay que tener los pies sobre la tierra y no perder de vista donde estamos (es
una buena frase, ¿Dónde pondría los pies de lo contrario?) Acá nos ponemos en
modo economistas y empezamos a hablar de AFIP, jubilación, etc. Pero voy a
omitir la parte aburrida, lo cierto es que mi empleador, para ahorrarse unos
pesos, me pone un número en el recibo de sueldo y después me da unos pesitos
más como para hacer que “cumple” (entre lo que figura en el recibo y los
pesitos tampoco me paga lo que corresponde) pero como me voy a quejar ¡Que
falta de respeto, qué atropello a la razón! ¡Tengo trabajo! No alcanza,
siquiera para pagar el costo de un estudio médico, pero es un trabajo honrado, y
es mejor que ser un vago, o uno de esos adolescentes descarriados, que defiende
los planes sociales ¿no?
Seguiría, pero ya me quedé sin frases y sin té, a veces me gustaría subirme
a un avión e ir en busca de una nueva vida… Sino amara, los paisajes, los
amigos, la comida, en fin, mi Argentina.

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